“Mis viajes a cementerios”, así dice la bajada de este título de la escritora y periodista argentina ganadora del Premio Herralde en 2019 por la novela Nuestra parte de noche. Si no hubiera sido escrito por Mariana, probablemente no hubiera comprado este libro, por el mero prejuicio de pensar que se trataría de un tema que no me interesa. Pero como se trata del tercer libro que leo de esta autora, ya conocía de su elogiada prosa para contar tanto vidas reales, como ficciones truculentas.

 

Foto: Mariana Roveda para La Nación
Foto: Mariana Roveda para La Nación

 

Si hoy visitara un cementerio y tuviera que escribir sobre ello, la verdad no sabría qué decir, o por dónde empezar. Mariana, por supuesto, sí que lo sabe. Lo sabe desde Génova en 1997, donde ocurre el primer relato del libro, cuando visitó el cementerio de Staglieno. Y entonces nos explica como fue que se enamoró de los cementerios.

 

Ángel de Monteverde - Cementerio de Staglieno, Génova, Italia.
Ángel de Moteverde, Cementerio de Stagliento, Génova, Italia.

 

No todos los relatos en primera persona de este libro son iguales. En algunos se cuenta la experiencia personal y el contexto en el que se dio la visita. En otros se hace enfoque en las obras de arte o en los muertos célebres que están enterrados. En algunas ciudades visita varios cementerios, los describe o compara entre sí.

Les comparto, para que se enganchen, la lista de los lugares y cementerios visitados y relatados por Mariana Enriquez, por si están pensando en viajar cerca de alguno (cuando pase la pandemia, claro). Y si no piensan viajar, al menos que pasen un buen rato con este libro, que no defrauda, aún con prejuicios de por medio.  

 

  • La muerte y la doncella (Staglieno, Génova. Italia, 1997)
  • Malacara (Trevelin, Chubut, Argentina, 2009)
  • Los perros negros (Panteón de Belén y Panteón de Mezquitán, Guadalajara, México, 2012)
  • Acá nadie se muere (Isla Martín García, Argentina, 2008)
  • el barón en la torre (Spring Grove, Ohio, Estados Unidos, 2012)
  • Un dominicano sin cabeza (Cementerio Presbítero Maestro, Lima, Perú, 2008)
  • Un bar en Broome (Rottnest Island, Australia Occidental, Australia, 2007)
  • Verde gótico (Cementerio Principal, Frankfurt, Alemania, 2011)
  • Ciudades de los muertos (Nueva Orleans, Louisiana, Estados Unidos, 2012)
  • Estatuas de sal (Cementerio de Carhué, provincia de Buenos Aires, Argentina, 2009)
  • La tumba del rey (Graceland, Memphis, Tennessee, Estados Unidos, 2012)
  • Rosas de cristal (Necrópolis de Colón, La Habana, Cuba, 2001)
  • Piedras sobre piedra (Cementerios israelitas de Basavilbaso y Villa Domínguez, Entre Ríos, Argentina, 2011)
  • Un hueso de los inocentes (Catacumbas y Cementerio de Montparnasse, París, Francia, 2006)
  • El ángel de Salamone (Cementerio de Azul, provincia de Buenos Aires, Argentina, 2009)
  • La niña ausente (Colonial Park y Bonabenture Cementery, Savannah, Georgia, Estados Unidos, 2012)
  • La aparición de Marta Angélica (La Reja, Moreno, Argentina, 2011)
  • Epílogo (Los cementeris que quiero ver antes de morir)

 

Foto: Mariana Roveda para La Nación
Foto: Mariana Roveda para La Nación

 

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