Conociendo España – By Maru

Esta es la historia de Maru, que viajó a España, no solo a conocer el país sino también familiares con lo que nunca había siquiera hablado. ¿Cómo la habrán recibido? Acá la historia. Pueden seguir a Maru en Instagram en @gmarusalgado

 

Todo este viaje comenzó con la simple idea de conocer Barcelona, así que sin mucho rumbo fijo, un día nos sentamos a planear un viaje de tres semanas.  Hacía poco, también habíamos visto en una revista que se había premiado a “Isla Cíes” como la mejor isla del mundo, y mirando las fotos nos maravillamos, pero nunca se nos ocurrió llegar a ese lugar tan recóndito.

Mi abuela es gallega, oriunda de Baiona. Un domingo almorzando en  su casa, apenas le comenté la idea de que íbamos a conocer España, levantó el teléfono, llamó a una sobrina y le dijo, sin consultarme, que íbamos a Baiona. Como si fuera poco me pasó el tubo y entonces escuché del otro lado una tierna voz española diciéndome que nos esperaban para conocernos y que tenían un espacio para que nos quedáramos.  Yo no tenía ni la cara de esta persona en mi mente, mi abuela no suele tener fotografías así que todo lo que siempre me relató lo tuve que imaginar. Me quedé pensando en la idea sin caer y le dije a mi abuela que no le prometía ir.

Ella desde chica siempre me relataba su niñez en aquel pueblo, historias de sus seis hermanos y los veranos que viajaba con mi abuelo. Siempre me contaba que todos los días hacían una caminata de la mano alrededor del “castillo” y que al final se daban un beso (unos romanticones). Pero todo eso siempre  lo imaginé como una película en blanco y negro porque ni siquiera me había puesto a buscar algo en Google, solo la escuchaba.

Entonces, el viaje se empezó a armar solo. La idea había comenzado con Barcelona así que decidimos iniciar el viaje en la ciudad catalana, luego pasar por Baiona y de ahí a Madrid. Lo único que realmente sabíamos era que queríamos estar, como mínimo, una semana en Barcelona. En esta hermosa ciudad vive un amigo de mi compañero de viaje y aventuras, lo cual nos facilitaba conocer un poco más como locales, algo imperdible. El siguiente plan era ir a Baiona sin fecha pactada para luego viajar a Madrid. Nos encantaba la idea de conocer el aquel lugar y a mis familiares, pero sinceramente nunca había ni siquiera hablado por teléfono con ellos, nuestra única comunicación era con mi abuela de por medio, con lo cual todo era una sorpresa y no queríamos planear mucho, sabíamos que queríamos ir a Islas Cíes y ya, después se vería.

Casa Batlló, obra de Antonio Gaudí – Barcelona

En Barcelona nos quedamos en un AirBnb, alquilamos un cuarto en una casona antigua hermosísima, con una terraza que apuntaba a Park Guell. Uno llega y se fascina con la ciudad, puedo decir que es la ciudad más hermosa que vi en mi vida. Al llegar nos esperaba Adrián, quién terminó siendo un guía espectacular, un argentino viviendo en Barcelona hace casi dos décadas. Nos recomendó las visitas obligadas y él mismo nos llevó a conocer sitios que no estaban en nuestra agenda. Dentro de los inolvidables quedarán  San Pol, Blanes y Tossa, localizados en Costa Brava. Desde que Adrián nos llevó a conocer esas playas, no dejo de recomendarle a todo aquél que maneja y que va a conocer Barcelona, que se alquile un auto y vaya, son imperdibles. Desde ya aviso que son nudistas, por las dudas.  Sus aguas son cálidas y calmas, el clima caluroso, el ambiente muy tranquilo: un placer.

Playa de Blanes, España.

Barcelona es una ciudad hermosa, tiene vida en todos sus recovecos. Son imperdibles todos los espacios creados por Gaudí, nadie debería perderse ni uno. También son imperdibles los bares, las comidas, la vida nocturna. Es una ciudad para visitar sin dudas, recorrer a pie lo más posible y toparse con turistas de todas las nacionalidades que a uno se le pueda ocurrir.

Después de una semana vertiginosa en esta ciudad que no para, nos aventuramos a nuestro viaje a Baiona, sin siquiera saber a dónde íbamos a dormir ni cuánto tiempo nos íbamos a quedar: todo dependía de “la onda” que tuviéramos con mis familiares desconocidos. Al llegar al aeropuerto de Vigo, nos esperaba mi tía Geli y su pareja.  A penas nos vimos fue un match perfecto, sinceramente los amé a primera vista. Eran unas dos décadas más adultos que nosotros, nos miraban con actitud parental y una calidez increíble, y nos hicieron sentir realmente en casa.

Baiona también nos enamoró a primera vista, veníamos encandilados con la ciudad catalana pero desde ya, a nuestro parecer, este segundo destino le pasó el trapo. No tendrá los monumentales edificios, pero tiene un no sé qué especial, la ciudad no está abarrotada de turistas, la gente te saluda amablemente todo el tiempo, es todo más cálido y acogedor. Barcelona es para visitar mil veces, pero Baiona es para quedarse a vivir.

Geli nos llevó automáticamente a lo de otra tía, Mechi, donde nos esperaban con tortilla de papas, jamón ibérico y muchas cosas que en principio nos dio miedo probar. Nos esperaban, super entrada la noche, toda la familia, nos dieron charla y contaban todos los planes que tenían con nosotros. En el mismo pequeño edificio donde ella vivía nos habían preparado un departamento entero para nosotros, no lo podíamos creer.

Nos quedaban nueve días de vacaciones, pero automáticamente decidimos quedarnos toda una semana ahí, sin lugar a dudas. Lo primero que hicimos fue recorrer el castillo del que tanto me hablaba mi abuela: La Fortaleza de Montreal. Se me ponía la piel de gallina de tan solo pensar que por ese mismo lugar habían caminado mis abuelos siendo jóvenes. Le dimos toda la vuelta a pesar del mal clima y al volver nos encontramos nuevamente con mis familiares. Les comentamos nuestro plan de conocer las islas y nos dieron las indicaciones para poder llegar, teníamos que irnos hasta Vigo y de ahí tomar un ferry.

Fortaleza de Montreal, Baiona – España
Foraleza de Montreal, Baiona – España

La isla Cíes es paradisíaca, he conocido varias playas y varias islas, pero ésta se gana todos los premios. El agua no es cálida y la comida, al haber un solo restaurante, es muy, muy cara, eso lo sabíamos de antemano, así que quien este leyendo esto, no hagan lo que hicimos nosotros y llévense una vianda! Quitando eso de lado: si, esa nota que habíamos leído tenía razón, es la isla más hermosa del mundo. Hermosa para hacer senderismo, nadar un poco, tomar sol, conectarse con la naturaleza, disfrutar del silencio absoluto. Uno de esos placeres que uno se da pocas veces en la vida. Si hubiéramos tenido más días disponibles seguramente habríamos visitado la isla más de una vez, pero tuvimos que contentarnos con un solo día, que no fue poco.

Isla Cíes

Al día siguiente, después de una jornada  extenuante, nos quedamos en las playas del castillo, particularmente en la playa “da cunchueiras”, que casi ni arena tiene, puro caracol. Este lado del continente tiene aguas frías y movedizas pero su transparencia te llama a nadar un ratito de todas formas. Aprovechamos a hacer vida nocturna, allí tienen un bar al lado de otro, bien de gallegos y nos acostamos temprano a sabiendas de que Geli se había pedido el día en el trabajo, sí, leyeron bien, se pidió el día para hacernos un recorrido.

Playa de “cunchueiras”

Nos pasó a buscar con su auto y nos llevó a conocer parte de Portugal bordeando los límites de Galicia. Conocimos con ella desde la Virgen de la Roca hasta Villanova de Cerveira. Conocimos tantos lugares en el día que son esos recorridos que quedan en la mente pero no llegas a recordar los nombres de los lugares que pisaste. Sacamos infinitas fotos y nos maravillamos tanto que prometimos que nuestro próximo destino de Europa sería Portugal.

Virgen de la Roca, Baiona – España
Castro de Santa Tegra – España

Si me pongo a enumerar las actividades que concretamos esa semana, le inundo el blog a Nadia y se van a aburrir, por eso prefiero llenarlos de fotos. La semana que pasamos en este pueblo nos dejó enamorados, sinceramente nos iríamos a vivir allá sin dudas. Nos fuimos a Madrid prácticamente sin ganas, nos despedimos con abrazos sin parar y promesas de retornar lo antes posible.

Una vez llegados a Madrid sinceramente no teníamos mucho plan, no somos gente de museos y teníamos planeado volar a los dos días de llegados así que fuimos a conocer el Parque del Retiro un día y al día siguiente simplemente paseamos e hicimos compras, contemplando volver esa misma noche. Somos sublos (pasajeros sujetos a espacio) así que nunca nada está del todo definido y de hecho así fue, porque nos tuvimos que quedar un día más.

Al final ese día lo disfrutamos más que los anteriores, fuimos a conocer el estadio Santiago Bernabéu. A mí el fútbol no me copa, con decir que ni veo los partidos del mundial, pero sí les recomiendo este recorrido, el museo es sumamente tecnológico y atractivo, me sorprendió.

Maru en el Santiago Bernabéu.

Debo decirles que esta última parte del recorrido fue la que menos me simpatizó, Madrid es lo más parecido a Buenos Aires que conocí en el mundo, y quien me conoce sabe que no está dentro de mis predilecciones.  Finalmente logramos retornar al día siguiente, con otra gran increíble experiencia: no habían lugares en el vuelo así que nos subieron a viajar en la cabina con el piloto… inexplicable sensación ver el despegue y aterrizaje con una vista de 180° en vez de esa ventanita pequeña a la cual estamos acostumbrados, escuchar las comunicaciones con las torres, ir preguntando como un niño para qué sirve cada botoncito y sentirse uno más en ese espacio tan fascinante. El viaje no podía terminar de mejor manera.

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