Nueva York: un paseo en bici en el Central Park.

Si hubiera tenido un solo día para estar en Nueva York, sin dudas habría elegido pasar ese día en el Central Park.

Central Park en horas de la mañana.

No era la mejor época del año, eso lo sabía. Los primero días de abril, el invierno acaba de retirarse y la primavera todavía ni asomaba; los ocres y amarillos ya habían desaparecido de las copas de los árboles, pero todavía faltaban unas semanas para el espectáculo del cherry blossom. Época de transición.

Llegamos al parque por la esquina del Columbus Circle, y caminando por la 59 me vi sorprendida por el General San Martín que allí se alzaba sobre su propio monumento, el cual yo desconocía, por muchas guías de viaje que había leído. Son unos metros de sentimientos encontrados y confusión: ¿Qué hacen San Martín, Simón Bolívar y José Martí entre las banderas de Estados Unidos que cuelgan del Plaza Hotel? ¿Por qué hay un Cristóbal Colón vigilando desde la esquina, como  imponiendo su versión de la historia? Nada es coincidencia, pues a pocos metros de allí pasa la sexta avenida, o Avenida de las Américas, como casi ningún neoyorquino la llama. Otros emblemas de la Av. de las Américas son el Rockefeller Center, la mega tienda Macy´s y el Radio City Music Hall. Dualidades de la ciudad.

San Martín a caballo en el Central Park.
Obsequio del gobierno de Argentina.
El cubano José Martí.

Primero que nada, fuimos a la tienda de alquiler de bicis que tenía marcada con una estrella en el google maps. Paramos un momento en la puerta del Starbucks para tomar prestado el wi-fi y alquilar las bicis por la web, así ahorraríamos unos cinco dólares cada uno. Entramos al local, dejamos un pasaporte y nos llevamos las bicis. 

***

Está nublado, pero de a ratos sale el sol. Voy pedaleando pensando en que el Central Park es todo lo lindo que me había imaginado. Cada algunos metros paramos para tomar fotos: The Pond, The Wollman Rink, the Gapstow Bridge. Y también voy mirando para arriba, porque la vista de los rascacielos entre las ramas secas de los árboles se me antoja muy fotogénica (pasa un avión que deja su estela blanca tras de sí, no puede ser más perfecto).

Rascacielos y estelas de avión.
Las vistas hacia arriba.

 

Antes de llegar a la Bethesda Fountain, pasamos por entre unas bancas con las ya famosas placas con todo tipo de dedicatorias de amor que se encuentran alrededor del parque, y entre unos músicos callejeros que están tocando standars de jazz.

Jazz en el parque.

Bethesda Fountain.

Frente al Dakota building, el mismo edificio donde alguna vez rechazaron a Madonna como vecina, y en cuya entrada asesinaron a John, se encuentra Strawberry Fields, el memorial en el que Yoko lo recordó con una ceremonia donde recibió abedules, arces y cedros como obsequios de diferentes países, incluido el mosaico en blanco y negro con la palabra Imagine en el centro, que fue el regalo de la ciudad de Nápoles. Este día hay un jovencito vestido de hippie que parece salido del túnel del tiempo. Está tocando en la guitarra canciones de Lennon, la gente al rededor canta tímidamente, y no sé en qué momento me doy cuenta de que estoy llorando de emoción. Cosas que pasan en Nueva York.

Imagine en Strawberry Fields.

Cruzamos latitudinalmente el parque a la altura del Turtle Pond y aparecemos pedaleando detrás del Met, que quedará pendiente para un próximo viaje. Nos adentramos en el magnífico Jacqueline Kennedy Onassis Reservoir, un verdadero remanso de paz, como muy lejos estuvo de ser la vida de Jackie. Le damos la vuelta casi completa, para tomar fotografías del West Side y del East Side respectivamente. En el camino hay gente haciendo yoga o meditando, hay patos en el lago, hay niños y ancianos, hay vida siendo vivida en todos los rincones del parque.

A espaldas del Met.

Paseos por el parque.
Vistas del West Side.

Volvemos por el lado oeste, y bajamos para ir a devolver las bicis. Paramos a comprar un poco de comida por peso en un local de por ahí: patas de pollo, papas y un poco de fruta. Yo había llevado en la valija un mantel rojo a cuadros para la ocasión. Todo sería perfecto si no hiciera tanto frío para un día de primavera. Me quedó un rato boca arriba recibiendo los rayos tibios del sol hasta que un par de ardillas me llaman la atención. Me quedo pensando que ya está, si el avión de regreso saliera esta noche, ya hubiera cumplido mi misión en Nueva York.

 

Tomando un descanso.
¿A dónde irá este pájaro?

Alguien viene a visitar.
Un cerezo tempranero.

 

Dejar un comentario