Rio de Janeiro: Garota de Ipanema

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En realidad, nunca supe por qué comencé a estudiar portugués. Si lo pienso bien, tenía un enorme prejuicio hacia la cultura brasilera: me parecía que no había nada que me gustara de ella. Grave error. Aunque para darme cuenta de eso, aún me faltaban algunos cuatrimestres.

Lo más lindo de estudiar una lengua, por supuesto no es la gramática ni las reglas de acentuación. Lo mejor, para mi, es sumergirse en la nueva cultura ante la cual uno se enfrenta, tirarse de cabeza (o de bomba, lo que el lector tenga por preferencia) a todo un nuevo universo de artes, costumbres, músicas, paisajes, y todo lo que hay detrás.

Atardecer en las calles de Copacabana.

Después de un par de años de haber empezado a estudiar el idioma, me vi perdidamente enamorada de gran parte de la cultura brasilera: de Clarice y de Amado, de Caetano y de Elis, del mar y de la ciudad, del sincretismo, de la Bahia de todos los santos, de la cidade maravilhosa, y la lista sigue y sigue.

La primera vez que pise suelo brasilero fue en Rio de Janeiro, la ciudad dónde todo es grande, comparado con Buenos Aires. Y unos de los paseos obligados de aquel viaje fue al bar “Garota de Ipanema” donde, según cuenta la leyenda, Vinícius y Jobim escribieron la canción de idéntico nombre en referencia a una menina que solía pasar cada día rumbo a la playa. Resultó ser que la menina tenía nombre y apellido: Heloísa Eneida Menezes Paes Pinto, y el día que contrajo matrimonio, Tom Jobim y su esposa Teresa fueron los padrinos de la boda.

Bar Garota de Ipanema, con los acordes de la canción en la fachada.
Placa junto a la estatua de Tom Jobin, en la Av. Veira Souto, Ipanema.

Para llegar a este lugar, es una buena idea realizar un recorrido a pie por el barrio de Ipanema, incluyendo la costanera Av. Vieira Souto como así también las calles aledañas. La caminata incluye toparse con edificios con jardines en las entradas, algún orelhao (esos teléfonos públicos que en Buenos Aires no se ven desde hace ya varias décadas), algunas casas pintorescas y hoteles cinco estrellas.

El barrio de Ipanema.
Jardines de los edificios.
Teléfonos públicos.
Signo de la paz frente al mar.

Llegados al bar, veremos que en la vereda de enfrente  hay otro bar llamado “Vinicius” dónde también eran habitúes los músicos y compositores de aquella generación. Aquel día no había muchas personas en el Garota de Ipanema, así que elegimos una mesa junto a las ventanas, para ver a la gente pasar mientras comíamos algo y charlábamos de la vida en general. El menú incluye almuerzos, sándwiches, cócteles… Es decir, una carta tradicional de cualquier bar de ciudad. Casi todos los presentes eran extranjeros, algunos dispuestos a entablar conversaciones de mesa a mesa. Los mozos, bien de oficio, me recordaron a los de los cafés de Buenos Aires. En líneas generales fue una linda visita. Y para aquellos que disfruten de la bossa nova será una linda experiencia, de esas para coleccionar en la memoria viajera.

Un refresco a media tarde.
Un día poco concurrido.
Dentro del bar.
El menú.
Vinicius bar.

 

 

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