Ushuaia: Navegando por el Canal de Beagle

Son apenas pasadas las doce del mediodía cuando regresamos al hotel después de la excursión por el Canal de Beagle. Queda todo el día por delante pero yo ya he tenido la adrenalina suficiente.

El día amaneció hermoso, soleado y algo ventoso. El canal estaba abierto de modo que podíamos realizar la excursión (si está muy ventoso o el clima está complicado lo cierran y no permiten zarpar a las empresas de navegación). Nos decidimos por una de las excursiones que se ofrecen en el puerto comercial y partimos en una embarcación con otros dieciocho pasajeros de las nacionalidades más diversas, en el recorrido tradicional. Algunos de ellos estaban realmente preparados para el paseo, con ropas abrigadísimas y cámaras profesionales.

Embarcando en las Islas Bridges, de regreso a la ciudad.

Un rato después de zarpar, la guía nos indica que ya podemos salir a la borda, con sugerencia de que lo hagamos del lado derecho de la embarcación si pretendíamos no empaparnos. Las vistas de la ciudad que iba quedando atrás eran hermosas.

Después de sacar unas fotos, me animo y subo a la parte superior, andando con cuidado porque todo se zarandea. Miro a los otros turistas colgándose de las barandas apenas sujetos, tratando de conseguir las mejores tomas, y me pregunto en cuántos otros rincones del mundo ya habrán estado. Pasamos por las islas de los pájaros y de los lobos marinos, y todos tomamos nuestras respectivas fotografías.

Carcamanes asoleándose
Fotografiando la Isla de los lobos marinos

Resulta que nuestra ruta tiene dirección con viento de frente y el barco se mueve como un banderín. De a ratos detenemos la marcha quedándonos perpendiculares al viento, así los movimientos amenguan y hacemos un poco de tiempo para ver si la cosa mejora.

 

Aunque la próxima parada es el faro, continuamos a las Islas Bridges. Más vistas que te dejan sin aliento y la piel de gallina de pensar que estas en el fin del mundo.

Observador en las Islas Bridges

Volvemos al barco y entre café, licor y masitas la guía nos dice que muy a pesar de la tripulación no podremos pasar por el faro. El viento está muy fuerte y es más seguro volver. Nadie hace ningún problema: ya nos están subiendo las náuseas a todos. Aunque nos queda el sabor amargo de volvernos sin la tradicional foto en  “Les Eclaireus”, también nos guardamos la experiencia inolvidable de haber navegado, casi, hasta el fin del mundo.

Nadia.

Prohibido tomar souvenirs

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