En una hostería pequeña y encantadora de una calle de Purmamarca (Jujuy, Argentina), Marta atiende a sus huéspedes: sirve el desayuno casero (que incluye una ventana de dimensiones generosas con vistas a los cerros coloridos de Purma), reparte agua caliente para los termos, brinda información turística y por las tardes da talleres de hilado en pushka, cordonería y otras experiencias textiles ancestrales.

Son ancestrales porque las técnicas fueron transmitidas de generación en generación. Aunque los tiempos actuales han perdido mucho de aquello de aprender las habilidades de los abuelos, el que tenga la suerte de cruzarse con Marta por el norte argentino podrá aprovechar para llevarse un pedacito, aunque sea pequeño, de este conocimiento.

Así pude hacerlo una tarde en que, con toda su generosidad, pactamos un horario de mi conveniencia para encontrarnos en el salón de la hostería. El lugar es precioso, con un telar bien dispuesto robándose el protagonismo, hilados por aquí y por allá, materiales de todos los colores de la quebrada.

Comenzamos instalando una prensa sobre el borde de la mesa. En esta oportunidad aprendería a confeccionar cordonería, con dos, cuatro y hasta cinco hilos (la última parte me resultó bien díficil). Manos experimitadas pueden hilar cordones de hasta seis o siete hilos.

Para empezar, Marta me muestra piezas que fueron trabajadas por sus abuelas, algunas de las cuales le han servido para conseguir desifrar tal o cual técnica, ahora que las abuelitas ya no están. También me muestra cintas confeccionadas en telar de cintura y otras telas, tapices al telar que para mi son oro en polvo. Empiezo a observar cómo se dispone la lana en la prensa: cortamos piolas de idéntica medida, atamos por un extremo, ajustamos las lanas a la prensa. Y Marta comienza a tejer cordones lentamente para que yo pueda copiar sus movimientos luego. Una lana para acá, otra para allá, el dedo índice al anular, cruzar y volver… al principio, como todo, se comienza despacio. Hay que familiarizarse con la técnica. Dos horas después ya hice seis cordones de unos quince centímetros yo sola y ya quiero salir a repartir artesanías por las calles de Purmamarca. Cuando pasamos a la fase de los cinco hilos se me complica, miro y vuelvo a mirar, armo y desarmo, grabo un video de las manos hábiles de Marta para practicar en mi casa. Claro, esto lleva práctica, tiempo, intentos y desintentos, generaciones de abuelas hilando miles de colores.

El tiempo se termina, me tengo que ir. Nos tomamos una fotografía para recordar esta tarde y salgo de la nube acentral en la que de pronto me encontraba a las calles del pueblo de Purmamarca aquí y ahora, con sus turistas, sus restaurantes con música en vivo, empanadas, vino y dulce de cayote.

Me queda en el corazón un recuerdo encantador, una tardecita de charla y lanas de colores y una experiencia diferente para compartir en este blog.

LA PUSHKA

La hostería La Pushka es un emprendimiento familiar de alojamiento de turistas. La palabra “pushka” hace referencia al huso o herramienta ancestral utilizada para hilar lana de animales como la vicuña, el guanaco, la llama o la oveja. Con la pushka se obtiene el hilo para tejer en telar a pedales, telar de cintura o a dos y cinco agujas. Esta herramienta era y es utilizada en toda la región andina sudamericana.

DÓNDE Y CÓMO

Santa Rosa s/n, Purmamarca Jujuy.

La hostería se encuentra muy cerca de la terminal de buses del pueblo, y a pocas cuadras del centro de Purmamarca. Nos alojamos allí tres noches en las que descansamos muy bien. El desayuno casero servido directamente por nuestra anfitriona es rico y abundante. La vista desde el desayunador es un encanto y además se puede utilizar el patio lleno de plantitas en cualquier momento.

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