De toda la literatura escrita sobre París, bien vale la pena hacerse de esta joyita que son los darios de Marta Minujín en los albores de su carrera artística en París a principios de la década del `60.

Entre las páginas de Tres inviernos en París nos encontramos a una Marta de 19 años que sabe que lo que más ama en el mundo es el arte. Nada mal para una persona de esa edad, ¿No?. Tener apenas veinte años y tan claro lo que se quiere de la vida es algo que no a muchos les sucede. Claro que la incertidubre de la vida por delante también la angustia, como es esperable. ¿Quién no tuvo esa sensación de querer algo pero no saber bien cómo conseguirlo?

Entre línea y linea, además, este libro nos lleva a un viaje por la París de los artistas de la época: pintores y escultores informalistas, surrealistas, abstractos, conceptualistas, exposiciones, galerías, críticos, marchands, etc.

Marta está completamente enamorada de París, tanto así que no quiere perder ni un día de vida allí viajando a otros países de Europa. Solo hacia el final de los diarios irá a Venecia, Roma e Inglaterra para sumergirse en otros mundos artísticos, pero sin dejar de lamentar que está perdiendo días en París.

Los primeros viajes se financian gracias a una beca que Minujín obtiene para estudiar en Francia. En cambio, decide gastarse el dinero en vivir: cafés donde pasará horas mirando a la gente o conociendo al mundillo artístico, entradas a museos, vernissages. Unos de los grandes problemas que enfrenta es el de conseguir un atelier apropiado para poder trabajar. Primero, vivirá e intentará trabajar en un quinto piso por escaleras pero le será muy dificil permanecer ahi y sufre de los ojos por el contacto permanente con los materiales de trabajo. Más tarde, luego de deambular por ateliers alquilados temporalemente por sus dueños, consigue el taller en la Rue Delambre que no tiene baño ni calefacción dondé organizará una exposición colectiva cuyo cierre será su primer happening: La destrucción, donde Marta quema todas sus obras en un terreno baldío.

En sus diarios, Minujín habla de París como de la persona amada. Se deslumbre cuando cae la nieve y con las visitas a los museos. Pasa las tardes y las noches en los cafés. Camina el día entero por todos los recovecos de la ciudad. Su barrio favorito es Saint-Germain, le encantan los café crema. En fín, trata de vivir a más no poder la ciudad de sus sueños. De sus sueños hechos realidad.

La desspedida de Marta de París.

Les dejó la contratapa del libro, para terminar de conquistarlos:

<< “Me siento como Alicia en el país de las maravaillas”, escribe Marta Minujín en su diario cuando aterriza en París, el 5 de noviembre de 1961, a los 18 años. La capital francesa, en plena ebullición cultural, promete oportunidades que la gris Buenos Aires no ofrece.

Tras casarse en secreto con Bebe, su gran amor, Marta Minujín llega sola a Francia con una beca para estudiar. En cambio, se pasa los días creando, y por las noches deambula en bares como Le Dome Café y La Coupole, en Montparnasse, donde conoce a toda la bohemia europea. La ciudad será testigo del happening La destrucción y de la realización de La chambre d´amour.

En este diario, recientemente descubierto, Minujín recoge las primeras impresiones de París, de los barrios, de la gente. Por sus páginas desflan personajes como Luis Felipe Noé, Alberto Greco, Alejandra Pizarnik y Julio Cortázar. También retrata la angustia frente a la soledad, las constantes dudas sobre la relación con su marido – que la visita en París y le pide que se vuelva a Argentina -, el frío del invierno, la mudanza de atelier en atelier (sin calefacción y a veces sin lugar donde bañarse), el transfondo social de la guerra con Argelia, y la lucha por hacerse un nombre en el mundo del arte internacional.

Tres inviernos en París dibuja a Marta Minujín con una luz asombrosamente real y humana, a la vez que presenta un testimonio maravilloso no sólo de su vida y su carrera, sino de toda una generación que, en los sesenta, revolucionó las normas sociales y estableció una contracultura. >>

Y si nada esto los terminó de convencer, les digo que el power que tiene esta mujer, y lo que transmite en sus escritos, vale la pena de a lectura del libro. De yapa, el libro trae unas cuantas imagenes de aquellos años.

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